La Muerte de una Iglesia

Yo he visto morir una Iglesia. Era una de las más antiguas en el País.
El peso de los años la fue debilitando,
y la falta de comprensión en la gente
terminó por borrar su silueta de esta tierra.

Daimioji, en Ioshima, en una Iglesia casi perdida,
había una torre y un vitró.
Era una Iglesia única.

Vista desde fuera, parecía una humilde casa de campo.
Pero su interior mostraba la escencia de una Iglesia gótica.
Nada superfluo. Los arcos y las columnas mostraban un trabajo dedicado y prolijo.
Todo el edificio fue considerado una refinada pieza de arte.

Con el paso del tiempo el piso se hundió, las paredes se inclinaron,
por entre las  dislocadas tejas la lluvia empezó a filtrarse.
La consideraron peligrosa y construyeron una nueva Iglesia moderna en un lugar cercano.
La vieja Iglesia pasó al olvido.
La lluvia siguió entrando, por las endijas de una ventana
una enredadera se abrió paso
y extendió sus ramas hasta el altar.

Cuando escuché  que al fin decidieron derribarla, fuí una vez más a Ioshima.
Como si me esperara, la puerta de la vieja Igesia estaba entreabierta, descolocada.
Parte de las tablas del piso ya no existían,
en varios lugares había pilas de muebles.

Pero los armoniosos arcos, las delicadas columnas, permanecían allí.
¿No habrá forma de conservar este Tesoro?, Me Pregunté.
Si, como testigo de una época, como una guía para el futruo.

Para derribar la antigua Igesia, bastaron unos pocos días.
Como los arcos, los pilares y el altar parecían usables,
fueron cuidadosamente envueltos y llevados,
lejos de la isla, lejos de Nagasaki.

Se habló de reconstrucción allá lejos,
pero yo sentí que no sería ya lo mismo.

Porque allá, no la rodeará ya el mar de Nagasaki,
el cielo de Nagasaki no la cubriá nunca más.

Otro Tesoro de Nagasaki se nos fue para siempre.

Tomado de : "Las Iglesias de Nagasaki"
por: Ryogo Yuuki